Testimonio religioso

Soy el hermano Ernesto Manrique, religioso del Instituto del Verbo Encarnado desde hace doce años, con catorce años anteriores en otra comunidad.
Siempre deseaba una felicidad que me proyectara al infinito, pero me preguntaba cómo podía ser eso siendo yo solo un trabajador de la viña. Así empecé mi búsqueda, y pese a mi poca cultura el Espíritu del Señor ya había comenzado a trabajar en mí. Fue Él quien me llevó a hacer amistad con el cura de mi parroquia, que era un padre francés, de buena presencia y muy hábil. Él Supo ver que era lo que buscaba en mi alma.
Yo le manifestaba que deseaba servir a Dios pero que sólo sabía trabajar la tierra. Me dijo que eso no era problema pues él estaba en mi pueblo para formar una comunidad que se dedique al trabajo y a la oración: “Te enseñaré a rezar y te ofrezco la finca que ya tengo para iniciar la obra”. Me pareció bien, y así empezó a formarse mi carácter en el trabajo que ya empezaba a tener un sentido, pues lo podía hacer oración. ¡Qué grande y que hermoso es, nunca mi alma había experimentado tanto gozo!
Sucedieron luego cosas que no contare ahora por escasez de tiempo, pero las cuales sirvieron para que Dios en su infinita misericordia y por intercesión de su Santa Madre de los Dolores me trajera a esta comunidad religiosa, donde hago trabajos iguales con apostolados más amplios, que me fervorizan más el alma.
Contando los años de mi vida como religioso puedo decir de todo corazón que han sido los más bellos de mi vida.
¡Darse a los demás por amor a Dios ya es el cielo anticipado!

Hermano Ernesto Manrique, IVE