Los misioneros del IVE

¿Qué significa misionero? Quiere decir estar dispuesto a ir a cualquier parte de la tierra a donde sea necesaria la predicación del Evangelio y la celebración de la Eucaristía, a donde sea necesario poner en práctica el mandato del Señor: Id por todo del mundo y predicad el Evangelio. Id por todo el mundo, no solamente Santa Rosa de Conlara, no; no solamente la provincia de San Luis, no; no solamente la República Argentina, ni siquiera Latinoamérica. Lo dijo Jesucristo, y dijo: Id por todo el mundo. Y esto ciertamente implica un sacrificio muy grande porque se está alejado de los seres queridos. Muchas veces, el misionero, se ha de acordar de ellos: todos los días y varias veces en el día, sobre todo en los momentos de dificultades y de peligro, y muchas veces se le anudará la garganta y tendrá que masticar lágrimas recordando con melancolía su tierra, sus familiares, sus amigos, nuestros cantos, nuestras sierras… Pero él tiene que ser fiel al llamado del Señor. El llamado del Señor es tal que pasa por sobre la carne y la sangre porque es algo de otro orden, es algo de orden sobrenatural, es algo en lo cual lo que está en juego es la gloria de Dios y la salvación de las almas, es por eso que también sus seres queridos participan de este sacrificio suyo, y deben así saber ofrecérselo al Señor para que el ministerio de él sea nuestro ejemplo.
«Me gastaré y me desgastaré»: ¿de qué manera, concreta?
Este programa implica disponibilidad para, aun con muchos sacrificios, administrar los sacramentos. Pienso en especial en la confesión, en la unción de los enfermos… aun en medio de las persecuciones más crueles, de las desolaciones más profundas, de las noches oscuras más terribles y de las tentaciones más espantosas. ¡Allí se ve el temple sacerdotal! ¡No arruga ante ninguna dificultad, ni se arredra ante ningún obstáculo! Y debe llegar a la noche rendido de su trabajo sacerdotal de todo el día, http://remoandaluz.es/servicio-medico/sin-receta-viagra agotado por los empeños pastorales y ansioso por el necesario descanso reparador.
En darse suficiente tiempo para la digna celebración de la Misa, para la dirección espiritual, para preparar con seriedad los sermones, en especial, los dominicales. Señalan los obispos argentinos que: «Las respuestas a la consulta al Pueblo de Dios reflejan, con alto índice, la existencia de homilías superficiales y poco preparadas, como también alejadas de la vida real». La realización actualizada de las misiones populares, la predicación inteligente de ejercicios espirituales, retiros, conferencias, Cursos de Cultura Católica, catequesis, clases… La realización de oratorios al estilo de San Juan Bosco, del Beato Luis Orione quien enseñaba recordando al primero: «¿Queréis salvar a un pueblo, a una ciudad? Abrid un buen Oratorio». Hacer campamentos, para niños y jóvenes, que sean escuela de vida, etc.
El sacerdote no debe renunciar a priori a ninguna de las formas de predicar la Palabra. Una de las formas más importantes es escribir, porque el escrito perdura y llega a mayor número de personas; editar libros, propagar la prensa católica.
Asimismo hay que pensar los nuevos problemas y buscar con creatividad las soluciones eficaces, con gran confianza en el poder de Dios que sigue obrando en el mundo incansablemente. No hay que tener miedo a las pastorales inéditas, siempre que sean según Dios.
Finalmente, como dice San Pablo: Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento (1Co 3,6-7).
Estoy convencido que la felicidad sacerdotal -y la felicidad del seminarista- está en ese «gastarse y desgastarse». Esa es la mística del trabajo sacerdotal. Y, ¿cuál es la medida del «gastarse y desgastarse»? Estimo que es la regla que señala San Ignacio para la penitencia: «cuanto más y más, mayor y mejor, sólo que no se corrompa el subiecto, ni se siga enfermedad notable». Debemos prepararnos, incluso, para trabajar también en el cielo, como dijo Santa Teresita: «Mi cielo será seguir haciendo el bien en la tierra».

(Tomdo del libro “Sacerdotes para siempre” del Padre Carlos Miguel Buela)