El sacerdote es la Misa

Íbamos de vacaciones junto con los diáconos en el año 1992 por Chile, camino a la Isla de Chiloé, cuando en una Catedral del sur de Chile encontramos grabada en la piedra del altar mayor las palabras: «Amor sacerdos immolat». Los «expertos» latinistas dieron algunas versiones. Todos estuvieron de acuerdo con que era una frase incompleta. Con el correr del tiempo descubrimos que era un verso del Himno de Vísperas para el tiempo Pascual «Ad regias Agni dapes» («Vayamos al banquete del Cordero»), cuya estrofa completa es:

«Divina cujus caritas
Sacrum propinat sanguinem,
Almique membra corporis
Amor sacerdos immolat».
Francisco Luis Bernárdez la traduce así:
«La caridad de Dios es quien nos brinda
Y quien nos da a beber su sangre propia,
Y el Amor sacerdote es quien se ofrece
Y quien los miembros de su cuerpo inmola».

Inmolat
Enseña Santo Tomás: «Se dice con propiedad que hay sacrificio, cuando se hace algo en las cosas ofrecidas a Dios, como cuando los animales eran muertos o quemados … y esto lo indica el mismo nombre: ya que el sacrificio es así llamado porque el hombre hace algo sagrado. Se llama empero oblación cuando se ofrece algo a Dios, aunque no se haga nada en el don, como se dice ser ofrecido los denarios o los panes del altar, en los que no se hace nada. Luego todo sacrificio es oblación, pero no inversamente».
El signo sacrificial implica dos cosas:

La materia sensible del sacrificio.
Es necesaria la materia sensible del sacrificio, por eso se enseña en la carta a los Hebreos: Porque todo Sumo Sacerdote está instituido para ofrecer dones y sacrificios: de ahí que necesariamente también él tuviera que ofrecer algo (Heb 8,3). Hay que ofrecer algo. Ofrecer nada es un absurdo. Nunca la nada puede ser don. La materia sensible del sacrificio es expresión del afecto interior con el que el hombre quiere y debe consagrarse a Dios.

La acción sacrificial o el rito sacrificial.
La acción sacrificial se compone de dos aspectos correlacionados: la oblación y la inmolación.
a- La oblación: es el desprenderse de un objeto mediante la entrega que se hace a otro. Hay «oblación cuando se ofrece algo a Dios aunque no se haga nada en el don». El autor de la carta a los Hebreos lo dice: todo Sumo Sacerdote está instituido para ofrecer dones y sacrificios (8, 3). Ofrecer equivale a sacrificar. Y es el elemento esencial del sacrificio. De ahí que: «Procede de la razón natural el que el hombre use de algunas cosas sensibles, ofreciéndoselas a Dios como signo de la debida sujeción y honor, según la semejanza de aquellos que ofrecen algo a sus dueños para reconocer su dominio».
b- La inmolación era, entre los romanos, el acto por el cual se esparcía la harina sagrada, o los granos de trigo tostados con sal, -la mola salsa- sobre las cabezas de las víctimas que se querían ofrecer a la divinidad. Inmolar es sinónimo de ofrecer en sacrificio, de sacrificar, y tratándose de víctimas animales, de «matar», «degollar» para el sacrificio. La inmolación expresa una idea genérica de inmutación en orden al sacrificio.
La mactación expresa cualquier occisión (esté o no orientada al sacrificio). En un sentido estricto es el acto de dar muerte a la víctima destinada al sacrificio. La acción de matar, expresado por la palabra mactación, significaba degollar para el sacrificio.
Los nombres de víctima y hostia, que son casi sinónimos, indican la materia destinada al sacrificio.
En el lenguaje corriente son equivalentes los términos: oblación, inmolación, mactación.
«En la cruz Cristo se ofreció como verdadero sacerdote en verdadero sacrificio. Y bien, de todos los elementos sacrificiales que intervinieron en el rito sacrificial de este sacrificio, Cristo no pudo poner más que la oblación, la aceptación voluntaria y ofrecimiento libre de aquellos sufrimientos, oblación interior que se traslucía en una oblación sensible y pragmática en sus mismos padecimientos exteriores, no en cuanto eran infligidos por sus verdugos, sino en cuanto eran por Él libremente aceptados ».
Por eso dice San Pablo: Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado (1Co 5,7), incruentamente en la Última Cena y cruentamente en la cima del Calvario, y agrega Cristo … se entregó por nosotros en oblación y sacrificio de fragante y suave olor (Ef 5,2). En la carta a los Hebreos se enseña: (Cristo) se ha manifestado … para la destrucción del pecado mediante el sacrificio de sí mismo (9,26); Somos santificados, merced a la oblación del cuerpo de Jesucristo (10,10), habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio (10,12).
Los cristianos, y con mayor razón los sacerdotes, también debemos inmolarnos espiritualmente con Cristo: Os exhorto …a que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva (Ro 12,1). Ofrezcamos sin cesar, por medio de él, a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que celebran su nombre. No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; esos son los sacrificios que agradan a Dios (13, 15) y San Pedro nos exhorta: Acercándoos a Él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo (1Ped 2,5).
El sacerdote ministerial inmola y ofrece la Víctima del sacrificio eucarístico, junto con los sacrificios espirituales propios y de los fieles; los sacerdotes bautismales, que por las manos del sacerdote y junto al sacerdote ministerial ofrecen la Víctima inmolada y sus propios sacrificios espirituales.

Sacerdos
La idea de sacerdote es correlativa a la idea de sacrificio. No hay sacerdote sin sacrificio, ni hay sacrificio sin sacerdote. El acto principal del sacerdote es el sacrificio, es el ofrecer, el oblar, el inmolar. El sacerdote es el mediador entre Dios y los hombres. Aquel que une ambos extremos:
En Cristo esto se da, por la unión hipostática de ambas naturalezas divina y humana y por el sacrificio de la cruz: Jesucristo tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo (Heb 2,17). Así es el Sumo Sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores, encumbrado por encima de los cielos, que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día, primero por sus pecados propios como aquellos Sumos Sacerdotes, luego por los del pueblo: y esto lo realizó de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo (Heb 7,25-26).
En los sacerdotes bautismales por ofrecer la Víctima divina del altar y a ellos mismos con Ella, por ser los ministros que a sí mismos se administran el santo sacramento del matrimonio. Ellos son verdaderos sacerdotes, a su manera: para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo (1Ped 2,5); vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz (1Ped 2,9). Jesucristo ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén (Ap 1, 6).
En los sacerdotes ministeriales, sobre todo, por inmolar y ofrecer, sacramentalmente, en la persona de Cristo la Víctima del Gólgota en nuestros altares, ya que a los Apóstoles y a sus sucesores se les mandó: Haced esto en memoria mía (Lc 22,19; 1Co 11,24; cfr. 1Co 11,25).

Amor
No maneja Cristo el sagrado cuchillo y lo hunde en el Cuerpo de la Víctima, la violencia queda para sus verdugos: «¡su arma sacerdotal es el amor, verdadero sacerdote que le inmola!».
La cruz es indisolublemente un sacrificio y un acto de amor. Un sacrificio, un acto cultual exterior, una liturgia que encierra el más puro e intenso acto de amor que jamás haya salido de un corazón humano.
Es un acto sacrificial; libre: nadie me quita la vida sino yo por mi mismo la doy (Jn 10,18).
Por tener un poder sobrehumano, Cristo fue a la vez Sacerdote y Víctima y cambió la horrible muerte en cruz en sacrificio adorable: es Víctima de propiciación por nuestros pecados (1Jn 2,2); Ofreció un único sacrificio por los pecados (Heb 7,27)
Y es un acto de amor: Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13,1). Como me amó el Padre, también yo os amo (Jn 19,3). Nadie tiene mayor amor que aquel que da la vida por los amigos (Jn 15,13). En esto hemos conocido el Amor: En que dio su vida por nosotros (1Jn 3,16).
Dos hechos -sacrificio y amor- forman uno solo: caminad en el amor, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros en oblación y sacrificio de fragante y suave olor (Ef 5,2).
«No se presenta el agua sola ni el vaso solo, sino el agua en el vaso: el vaso es el sacrificio, el agua es el amor». Sacrificio y amor son inseparables en este mundo. Aunque vale más el amor que el sacrificio.
En el cielo se separarán, ya que el sacrificio no tendrá lugar en el cielo, el amor, sí: El amor no morirá jamás (1Co 13,8).
A ejemplo del Maestro y Señor debemos ofrecer toda nuestra vida, privada y pública, con sus sacrificios por amor: El estudio, apostolado, oración, servicio, la familia, el trabajo, vacaciones, entretenimientos, cultura, deporte, amistades…, todo. En especial, la caridad fraterna: El amor no hace mal al prójimo: La caridad no hace mal al prójimo (Ro 13,10); el amor es la plenitud de la ley: La caridad es la ley en su plenitud (Ro 13,10); la única deuda sea el amor mutuo: Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor (Ro 13,8).
Porque «¡Amor sacerdos immolat!»: donde el ser sacerdote, por naturaleza o por participación –ministerial o bautismal-, es la causa eficiente; donde el amor es la causa final; donde la oblación, la inmolación, es la causa formal; donde la causa material que se ofrece es el cuerpo y el alma, es decir, toda nuestra vida, con sus alegrías y penas. Podemos decir que el Amor-sacerdote inmola su cuerpo y su sangre por caridad.
Nadie como la Virgen entendió que: «Amor sacerdos immolat». Pidamos que Ella nos lo de a gustar.

(Tomado del libro “Sacerdotes para siempre” del Padre Carlos Buela)

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