El Noviciado Religioso

Cuando Santo Tomás habla de los consejos evangélicos insiste en el adverbio “totalmente” como distintivo entre consejos y preceptos. La historia de los apóstoles, los primeros religiosos, se abre con un “relictis omnibus” -dejadas todas las cosas-, que subraya el evangelio de San Lucas (cf. 5,11). El desvío hacia las cosas mundanas envenena el amor que debemos enderezar a Dios en toda su pureza. Siempre en esta vertiente negativa, ascética, de la vida religiosa, no hay más que una sola actitud: es necesario destruir totalmente el apego a las cosas del mundo; dicho en otros términos: el apego a las cosas terrenas frena el impulso hacia el ideal, impidiendo que el hombre se entregue totalmente al servicio de Dios. El paso se aligera eliminando esa lastra: se llega más rápidamente renunciando totalmente a todos los bienes de este mundo. No otra es la función reservada a los tres votos, que imponen el desasimiento de las creaturas: abandonar totalmente las tres cosas, en cuanto es posible, pertenece a los consejos evangélicos.

No basta imitar a medias el ejemplo de los Doce: Como dice Santo Tomás de Aquino, “abandonar todas las cosas no basta para la perfección, es preciso abandonarlo todo para seguir a Cristo”. Ahora bien, si el abandono es total, la entrega debe ser total: “los que viven en el siglo entregan a Dios parte de sus cosas, reservándose para sí lo demás… Pero los que viven en el estado religioso se consagran totalmente en persona y bienes a Dios”[1]. Pero como el hombre no puede disponer actualmente de la totalidad de su vida por estar sujeto a las leyes del tiempo, para ofrendarla toda de una vez a su Dios en holocausto, procura superar el ritmo del tiempo y fijar su voluntad por medio del voto: “Esta inmovilidad en el seguimiento de Cristo se asegura por el voto”[2].

Debido a que lo anteriormente dicho es propio de la Vida Religiosa veamos ahora los objetivos propios de su etapa inicial, el noviciado.

Canónicamente: “El noviciado, con el que comienza la vida en un instituto, tiene como finalidad que los novicios conozcan más plenamente la vocación divina, particularmente la propia del instituto, que prueben el modo de vida de éste, que conformen la mente y el corazón con su espíritu y que puedan ser comprobadas su intención y su idoneidad”[3].

Se ven dos grupos de fines muy precisos: por parte del novicio y por parte del instituto.

Con el noviciado comienza la vida de un instituto, comienza la vida del novicio, pero también el instituto aumenta y se enriquece con la vida de sus novicios.

El noviciado es un tiempo de inicios

Es histórico-temporal, pero sobre todo, pedagógico y progresivo. En cuanto inicio, implica una ruptura con la vida anterior. Esta ruptura se realiza por los compromisos que ha asumido: el comenzar a vivir en un lugar destinado para este fin[4], la recepción del hábito, la unidad del tiempo del noviciado asegurado por su duración[5], por el programa formativo[6] y sobre todo, por la carga doctrinal y ascético religiosa a la que el novicio va a quedar sometido[7].

Objeción: El inicio de la vida religiosa, la búsqueda de Dios, el conocimiento de sí mismo y del instituto ¿no podrían alcanzarse de modo más perfecto viviendo en una comunidad ya armada, ya en marcha? ¿No sería mejor iniciar la vida religiosa observando la conducta de otros religiosos mayores? Ver su ejemplo, su modo de entender y vivir las leyes y costumbres. Allí ya hay actividades en marcha y sólo sería menester introducirse en ellas. ¿No se ahorrarían pérdidas de tiempo en la enseñanza de las costumbres, horarios, modo de vivir el silencio, la oración? ¿No se evitarían un gran número de improvisaciones propias de los primeros tiempos?

Las objeciones parecen confirmarse durante los primeros días de noviciado, en los cuales es muy lento el progreso y cuesta mucho esfuerzo y paciencia el soportar las fallas y errores propios del comienzo. Aún no hay estilo religioso. No se sabe apreciar el silencio, no hay hábitos de estudios, la liturgia no es muy solemne, los horarios no se cumplen con exactitud y se improvisa en trabajos, cocina, etc… Según el modo de ser de los candidatos hay muchas faltas, desórdenes, impuntualidades, faltas de responsabilidad en los oficios, en el uso y cuidado de las cosas; lo cual ocasiona disgustos de los más organizados, desánimos, etc. Normalmente esto es lo que sucede en los primeros días.

Respuesta: Pero el bien del noviciado no se debe buscar en los comienzos de éste, sino que es una obra a más largo plazo. Se busca en el noviciado el inicio de la vida religiosa y su maduración. En la vida sobrenatural el progreso es lento, el desarrollo es al modo de una semilla, al modo de la levadura. Es una maduración, y querer http://remoandaluz.es/servicio-medico/comprar-cialis apurarla es como sacar una fruta de su árbol y apurarla desde fuera para que madure. Por dentro quedará verde y lo exterior será sólo cáscara o facha, pero sin consistencia.

En una casa mayor todo ya está en funcionamiento, las leyes se cumplen, los horarios llevan, las campanas indican y los religiosos muestran el modo de hacer las obras. Puede suceder que algún candidato crea que con adaptarse a lo ya establecido todo está hecho; que con adquirir los modos y comportamientos de los demás ya es religioso; que con el cumplimiento fiel de las obras exteriores marcha a pasos agigantados hacia la santidad. Estas cosas no están mal; el mal estaría en descuidar la búsqueda de Dios y el conocimiento personal y conformarse con  “hacer bien” las cosas. Uno se va vistiendo de religioso, pero puede suceder que el interior quede aún inmaduro.

Maduración interior: El noviciado parece ser el lugar más propicio para iniciar esta maduración interior. En esta casa el novicio está a la espera de lo que su Maestro le va a enseñar. En cuanto a las obras exteriores, generalmente están plagadas de imperfecciones y son defectuosas. Será tarea del Formador el remarcar muy de continuo que no está allí la santidad, que el hacer bien las cosas está en un segundo lugar y será la consecuencia del amor a Dios que se vaya adquiriendo. Deberá repetir el fin del noviciado: la búsqueda de Dios; y las dos alas de esa búsqueda: la oración y la penitencia en el ambiente de caridad fraterna en el cual se debe vivir. La mirada de los novicios debe estar puesta en esto, sabiendo trascender las apariencias exteriores.

Sin embargo el Maestro de novicios debe estar muy atento a todo lo que sucede, pues no debe descuidar ni dejar pasar el momento oportuno para la enseñanza. El mero correr del tiempo no forma, al contrario, puede hacer pensar que el desorden está aceptado, que las cosas se hacen a medias, que el obrar chabacano es el estilo y esto engendra pereza y va minando los grandes ideales.

Preocupación exclusiva: Veamos otras conveniencias del noviciado. El CIC[8] pide una casa distinta de las otras casas de formación. La finalidad es el vivir dedicados pura y exclusivamente a comenzar la vida religiosa. Las preocupaciones no deben ser las mismas del resto de los religiosos. Es conveniente que se conozca lo que luego se hará o estudiará, las virtudes que se viven en el Seminario Mayor, inclusive que se sepan los problemas que puedan presentarse, pero que no se los sufra, que el ambiente sea de tranquilidad, que se anhele el pasar al Mayor, pero que mientras tanto se viva con los ojos puestos en los objetivos propios.

En orden a procurar la necesaria tranquilidad y sosiego para el novicio, es de destacar que “es desaconsejable que el noviciado se desarrolle en un ambiente extraño a la cultura y a la lengua de origen de los novicios. En efecto son preferibles los pequeños noviciados, a condición de que estén enraizados en esta cultura. La razón esencial es la de no multiplicar los problemas durante una etapa de formación en la que deben hallar su propio puesto los equilibrios fundamentales de la persona, en la que las relaciones entre los novicios y el Maestro de novicios deben ser fáciles”[9].

Es también ocasión de provocar la generosidad y la madurez, pues se deben tomar responsabilidades desde el primer momento. Se debe crear un ambiente religioso y de santidad y si no lo hacen los novicios nadie más lo hará.

Se tiene la asistencia continua del sacerdote, quien por estar dedicado exclusivamente a eso puede observar todas las cosas y decir a su tiempo los defectos que ve y dar los ánimos y sugerencias adecuadas a cada persona y momento.

Por último el noviciado es una etapa bien definida, en la cual el candidato debe llenarse de deseos de ser religioso mayor. El vivirlo bien y superarlo, provoca psicológicamente en el joven una convicción de fortaleza y sana confianza de que podrá afrontar cualquier etapa posterior de su formación.

[1] Tomás de Aquino, In Matth. 19, 27.

[2] Tomás de Aquino,  Suma Teológica, II-II, 186, 6 ad 1.

[3] CIC, c. 646

[4] “Para que el noviciado sea válido, debe realizarse en una casa debidamente destinada a esta finalidad”, CIC, c. 647 § 2.

[5] “Para su validez, el noviciado debe durar doce meses transcurridos en la misma comunidad del noviciado…”, CIC, c. 648 §1.

[6] Cf. CIC, c. 650 § 1.

[7] Cf. CIC, c. 652.

[8] Cf. CIC, c. 647 § 2.

[9] Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Orientaciones sobre la Formación en los Institutos Religiosos, n. 47.